lunes, 25 de junio de 2018

Frankenstein - Mary Shelley (Tercera parte)


Capítulo 9 - Capítulo 15

25 de junio de 2018 – lunes

Hasta este punto la novela venia siendo interesante, con su carácter fantástico y sus rasgos de época. A partir de aquí se revela como obra maestra. Todos los preconceptos que yo tenía de la obra se evaporaron con la narración de la historia del monstruo. Esto no es fantástico, es ciencia ficción. No trata sobre el punto de vista humano de la otredad, sino de como esa otredad nos ve a nosotros. Nosotros somos el monstruo desde el punto de vista de la criatura. Nosotros somos la otredad.

Como en toda obra de arte (verdadera obra de arte), las interpretaciones son múltiples. Lo expuesto arriba es una lectura posible del texto que considero bastante clara, pero sin duda que hay muchísimas más. Por ejemplo, la relación que tiene la criatura con su creador puede entenderse como una alegoría de la relación que el hombre tiene con Dios. Todavía no tengo un análisis nítido del tema, habrá que esperar a ver como sigue y más adelante quizás lo desarrolle. (O quizás este punto de vista sea equivocado, no hay infinitas lecturas de un texto).

Me gustaría comentar el Capítulo 14, que es aquel en el cual el monstruo se topa con los libros. Lo primero es que en este capítulo (aunque creo que en toda la novela) Mary Shelley nos deja ver su amor hacia la literatura. La pasión que los libros inspiran en estos personajes, las emociones que mueven, los pensamientos que despiertan, sin duda que es algo que a todos los que amamos la literatura no nos deja indiferentes. Lo segundo, una vez más aparece el tema del conocimiento, y una vez más este conocimiento tiene una doble faceta. Cito textual: “Cuanto más aprendía, más me daba cuenta de mi lamentable inadaptación”. Los libros son para el monstruo una fuente de conocimiento y sabiduría, pero a la vez le reafirman lo distinto que es a los humanos y su imposibilidad de encajar en la sociedad. Algo similar ocurrió con Víctor Frankenstein cuando el conocimiento le valió la admiración de parte de sus colegas, y a la vez lo llevó a crear una criatura que asesinaría a su hermano. Y dejando de lado el tema del conocimiento, el personaje de Félix también creyó haber alcanzado su realización personal al liberar al musulmán de su injusto aprisionamiento, y sin embargo fue esto lo que lo llevó a ser desterrado junto con su familia. Todo en la novela es un gran claroscuro. Cuando un personaje cree haber alcanzado el éxito, en el fondo no hace más que ponerle la firma a su fracaso. Dice Shakespeare en Macbeth: “…el mal es bien, el bien es mal”.

En el Capítulo 13, la criatura hace un análisis de la naturaleza del ser humano y de la sociedad. Por un lado, reafirma la idea del claroscuro, de que el hombre es “…un ser tan poderoso, virtuoso, magnífico y a la vez tan lleno de bajeza y maldad…”. Por otro lado, sostiene que, para la sociedad, las virtudes más apreciadas son el linaje y la riqueza. Una persona puede carecer de una de las dos, pero si carece de ambas es considerada un vagabundo o un esclavo destinado a trabajar y malgastar sus fuerzas en beneficio de unos pocos elegidos.

Una pequeña nota al margen: el personaje de Safie. Muy curioso para leerlo hoy en día. Es una mujer musulmana que quiere ocupar un lugar en la sociedad y por lo tanto busca escapar de Turquía y casarse con un cristiano. Me llamó poderosamente la atención viniendo de Mary Shelley que no solo es mujer sino protestante. Evidentemente consideraba que las mujeres ocupaban un lugar relevante en la sociedad y podían desarrollarse en aquella época. Sin duda, muy curioso.




Ficha Técnica
Libro: Frankenstein o el moderno Prometeo
Autor: Mary Shelley
Año: 1818
País: Inglaterra

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